Matacanes.

En Nuevo León la adrenalina se vive sólo con un casco, un traje de neopreno y un arnés, entre cascadas, pozas de agua color turquesa, cuevas, ríos subterráneos, toboganes naturales y enormes desfiladeros.

Se dice en Nuevo León se encuentra el hijo predilecto de la Sierra Madre Oriental, al que llamó el Cañón de Matacanes, donde todas las emociones se viven al extremo, en medio de un paisaje natural.

El tour rumbo a la aventura parte del hotel Cola de Caballo, ubicado en el Pueblo Mágico de Santiago, cerca de treinta minutos de Monterrey, donde a bordo de una camioneta todo terreno, la agencia Geo Aventura lleva a los aventureros hasta sus cabañas, enclavadas en lo alto de la Sierra de Santiago, en el ejido de Potrero Redondo.

El trayecto hasta las cabañas dura alrededor de una hora y media, perfecto para admirar la belleza de la Sierra Madre Oriental y respirar aire limpio. El camino es agreste y hay que sostenerse bien del vehículo.

La vista recoge una gran cantidad de postales con cada pestañeo: un camino de terracería serpenteante entre las montañas; árboles que abarcan todas las tonalidades del verde, desde el más pálido hasta el más intenso, y aves y mariposas sobrevolando a su antojo. Al final, el pavimento y las torres de luz anuncian la cercanía de una localidad. A unos kilómetros están las cabañas que la empresa renta para sus clientes.

Son ocho cabañas con baño y agua caliente, para cuatro personas cada una. También cuenta con una zona para acampar y un espacio más donde se encuentra la cocina, una sala para charlar al calor de una chimenea, jugar ping- pong o juegos de mesa.

En la cima de la montaña no hay opción, hay que desconectarse de la tecnología y el mundo exterior, ya que no hay señal telefónica y menos de internet. Los más jóvenes del grupo es a quienes parece no hacerles gracia. Los demás, sentados a la mesa para comer, parecen disfrutar de la plática sin la interrupción del sonido de aviso de un mensaje de Facebook o Twitter en su teléfono celular.

Luego de la comida, el itinerario marca una pequeña caminata por los alrededores para realizar un circuito de tirolesas y hacer rapel dentro de una cueva, como preámbulo del recorrido hacia Matacanes al día siguiente.

De regreso a las cabañas se realizan juegos para reavivar el ánimo en el grupo y posteriormente, cuando las estrellas cuelgan del cielo, la velada termina a orillas de una fogata. Es preciso dormir antes de las 12 para descansar y tener energías suficientes para la expedición hacia  el cañón de Matacanes.

Desafío entre desfiladeros

Sin importar el frío de la mañana, la cita para desayunar es a las 8:00 en punto. Tras el desayuno ligero, compuesto por fruta, café y cereal, es momento para ponerse el equipo adecuado: casco, traje de neopreno, arnés y chaleco salvavidas.

Nuevamente a bordo del vehículo todo terreno se llega hasta la entrada del cañón de Matacanes, luego de treinta minutos. En un sendero, en medio del bosque, los viajeros se preparan para la caminata.

Desde este punto cada uno dependerá de sí mismo para lograr el reto que representa el cañón, considerado entre los mejores del mundo para practicar deportes de aventura.

Como una alfombra natural, el camino se ve tapizado de hojas secas, que en algunos tramos parecen jugarle una broma a sus visitantes, haciéndolos resbalar. En el camino es necesario evadir algunos troncos caídos, saltar enormes piedras y atravesar pequeños riachuelos.

Tras, aproximadamente, cuarenta minutos de caminata se llega al pie de una enorme pared de piedra de más de ocho metros. Aquí, Érick, uno de los tres guías que acompañan al grupo de ocho personas, señala que este punto es el verdadero inicio de la aventura llamada Matacanes. No se equivoca.

La primera prueba a superar es el miedo a las alturas. Y es que para continuar la travesía es necesario saltar una cascada de unos cuatro metros y caer en un pequeño río de aguas transparentes. Muchos lo piensan, otros sólo saltan y, todos, sin excepción, hacen una expresión de desagrado al caer en el agua helada.

Luego, hay que sortear el vértigo que provoca estar a veintiocho metros sobre el vacío, sólo sostenidos por un arnés. Es otra cascada que da a una poza de agua. Hay que sostener la cuerda con la mano derecha detrás de las caderas para ir descendiendo poco a poco con ayuda de las piernas, siempre estiradas y abriendo el compás a la altura de los hombros para lograr un mayor equilibrio al momento de hacer rapel.

Iván, uno de los aventureros, requiere de varios intentos para hacer el descenso. De espaldas hacia el vacío y con la indicación del guía diciendo “echa tu cuerpo hacia atrás”, sin duda, se pierde toda concentración. María del Carmen prefiere descender de manera más segura, atada a uno de los guías que es quien realiza todo el trabajo.Aquí comienza la inyección de adrenalina.

Después de este punto hay que nadar, caminar y brincar todo lo que resta del paseo. Hay saltos que van de los cuatro y hasta los doce metros, para fortuna de algunos y alegría de los más osados, la mayoría de los saltos son opcionales.

El grupo avanza en fila, cada quien a su paso, pero sin dejar mucho espacio entre unos y otros. Un guía en la avanzada, otro en medio del grupo y uno más en la retaguardia, es como se hace el recorrido. Sobre la roca lisa, los aventureros se deslizan hasta una poza de agua.

Con esa experiencia todos sonríen; en cambio, hay quienes sufren cada vez que es necesario saltar una cascada, como Emmanuel a quien se le ve respirar tres veces antes de cada salto, pero finalmente lo consigue.

Los más valientes, como Jorge, siempre quieren saltar desde lo más alto y ser los primeros. Todo es una competencia, contra el tiempo y los retos personales de cada uno.

El último estirón

Después de cuatro horas de recorrido los guías dan el aviso de estar justo a la mitad del paseo. “Hay una noticia buena y una mala. La buena es que llevamos la mitad del recorrido y la mala es que todavía nos falta otra mitad”, dice Fernando, otro de los guías.

Las rodillas comienzan a doler de tanto subir, bajar y saltar. El agua del río es fría y conforme el día avanza y el sol se va ocultando, el cuerpo comienza a tiritar.

El salto de la amistad, una pequeña cascada que permite que todo el grupo salte al mismo tiempo; La Cueva, completamente oscura, en la que es necesario seguir las instrucciones del guía al pie de la letra cuando grita: “corre y salta”, ya que no se ve nada; otro descenso en rapel de treinta metros; un río subterráneo y El Jardín, conforman esta gran aventura.

De vez en cuando, hay que detenerse para admirar los paisajes que regala el cañón de Matacanes: ríos de aguas claras en tonos turquesa, enormes paredes de piedra grisácea, el sonido de las cascadas inundando el ambiente y caminos sinuosos llenos de abundante vegetación, llenan la vista a cada paso.

Han pasado ya ocho horas, durante las cuales los viajeros lograron calmar el hambre con chocolates, barritas de granola y cacahuate, y tamarindos que los guías obsequiaron al inicio de la travesía.

Al salir del sendero boscoso y llegar hasta un espacio donde es posible secarse, quitarse el traje de neopreno, cambiar de ropa a una seca y caliente, la recompensa inicial es un plato de espagueti a la bolognesa y una ensalada que todos devoran en cuestión de minutos.

Con todo y los raspones que, asegura Shiara, otra guía, “son los cariñitos que da la montaña a sus visitantes”, tras las caídas y resbalones de los que nadie se salvó, el mayor premio es sentirse un triunfador por haber terminado una gran hazaña.

Casi como en una película de Indiana Jones, los más aventureros esperan la secuela de esta aventura, ahora quizá en una locación hermana, como el cañón de Chipitín o el de Hidrofobia, también en Nuevo León.

Guía útil

Hospedaje

Geo Aventura Resort

Ubicado en la Sierra de Santiago, en el ejido de Potrero Redondo, cuenta con ocho cabañas para cuatro personas cada una, un área para acampar y una sala de estar. En este mismo lugar se ofrece comida y desayuno.

Teléfono: 01 800 8305 148.

www.geoaventura.com

Montañas de Santiago

Se localiza a tres cuadras de la Carretera Nacional entrada a Santiago. Cuenta con cabañas equipadas y ofrece diversos tours.

Teléfono: 01 8033 0661 y 018340 9175.

www.ecoaventurasantiago.com.mx

Temporada

De marzo a agosto, previo a las lluvias.

Recorrido 

Geo Aventura

Ofrece un recorrido con una duración de ocho horas al interior del cañón de Matacanes. Cuentan con guías certificados, ofrecen comida y hospedaje, así como otras actividades.

Restricciones:

Mujeres embarazadas

Personas con condición cardíaca o pulmonar

Personas con operaciones o fracturas recientes

Personas con problemas de la columna

Personas con desmayos o convulsiones

Personas que estén tomando medicamentos que puedan afectar su participación en esta aventura

Menores de edad que no estén acompañados por su padre o tutor.

 

Con información de Excélsior

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